
Una ciudad puede ser accesible para una silla de ruedas y, sin embargo, resultar difícil de recorrer para una persona autista. El problema puede estar en el ruido del tránsito, las luces intensas, una señalización confusa, una plaza sin espacios de calma o un edificio público imposible de comprender a simple vista. Repensar esos lugares para que sean más previsibles, sensibles y amigables es el desafío que plantean las llamadas “ciudades azules”.




























