Una serie de denuncias alerta por un nuevo ardid de estafa que logra una conjunción entre la estafa virtual y la delincuencia física. Todo se inicia con la rotura de un espejo retrovisor de un auto estacionado. Quien lo hace deja un manuscrito disculpándose y un celular donde ubicar al responsable para que se intercambien datos del seguro. Allí arranca el truco, que trepa hasta que le vacían las cuentas del dueño del auto.


























