Andreas Schleicher: "Con la pandemia se acentuó aún más la inequidad del sistema educativo en la Argentina"

Educación 08 de diciembre de 2020 Por La Nación
Andreas Schleicher no es uno de esos nombres que dominan las carteleras. Pero es el creador de las pruebas PISA, desde 2012 es el máximo responsable para la Educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y, desde hace dos décadas, es una figura educativa clave a nivel mundial.
andreas schleicher

A diferencia de tantos otros referentes globales, sin embargo, este alemán no se esconde en la jerga burocrática para evitarse problemas. Habla clarito: "La Argentina era uno de los países más inequitativos en términos educativos y con la pandemia eso se acentuó aún más".

Schleicher es un férreo impulsor de la reapertura de las escuelas, aún en plena segunda ola de coronavirus en Europa. También nos urge a responder varias preguntas: ¿Cómo logramos que la educación sea relevante otra vez para los estudiantes argentinos? ¿Vamos a salir de la ciénaga educativa que nos ubica bien abajo en las mediciones internacionales? ¿Qué significará el "éxito educativo" en el futuro?

-Durante la pandemia remarcó varias veces su preocupación por la desaparición de las escuelas como mayor igualador social. ¿Es eso lo que más le inquieta?

-Sí, lo que ha hecho la pandemia es amplificar las muchas desigualdades que ya teníamos en el sistema educativo. Hay estudiantes que tienen acceso a buenos recursos digitales y un ambiente en sus casas que los apoya mucho. Pero aquellos estudiantes que solían ser "alimentados con cucharita" por sus maestros o que no tuvieron acceso a la tecnología, ni padres o maestros que los alienten a aprender, quedaron muy atrás, abandonados a su suerte. Esos estudiantes no solo perdieron mucho aprendizaje, sino también su confianza en la educación y en las instituciones educativas. Por eso creo que tomará mucho tiempo resolver las inequidades sociales que generó. La educación no es un fenómeno transaccional; es un fenómeno relacional y social. ¡Podemos comprobar ahora! ¡Cuán importante es el contacto estrecho entre los maestros y los alumnos! De aquí a 10 años, lo que recordarán los chicos será a aquel profesor que los llamó en momentos complicados, quién se preocupó por ellos, quién entendió sus sueños y pasiones, quién los ayudó a entender quiénes son y qué quieren ser. Ése es un elemento muy importante que debemos tener muy presente en estos momentos.

-¿Cuándo conoceremos el impacto real de esta pandemia en el campo educativo?

-En cuanto al impacto de corto plazo, tenemos ya una buena comprensión en términos de pérdidas en el aprendizaje. Pero en cuanto al largo plazo. las desigualdades en la escuela se traducirán en desigualdades aún mayores en el mundo laboral por las distintas cualificaciones, lo que a su vez conllevará en desigualdades sociales aún más grandes. Por eso lo que ocurre ahora ejerce enorme presión sobre nuestras sociedades. Eso más difícil de evaluar en estos momentos y sólo podremos evaluarlo en el muy largo plazo. La Argentina es un buen ejemplo: era uno de los países más inequitativos en términos educativos y con la pandemia eso se acentuó aún más, aunque no lo entenderemos por algunos años.

-La inequidad educativa en la Argentina generó al menos tres grupos: el de los estudiantes que se desconectaron por completo, el de aquellos que reciben clases por Zoom y el de una pequeña minoría que pagó clases privadas presenciales.

-Eso muestra cortedad de miras. Es muy fácil y conveniente cerrar las escuelas para un funcionario que no asumirá los costos a largo plazo de su decisión. Le resulta una solución muy sencilla. El problema es que mucho de lo que hacemos en el campo de la educación se resuelve en base a los intereses y las necesidades de los adultos, en tanto que las necesidades e intereses de los chicos van a lo último. Esta pandemia es un buen ejemplo de eso. Los chicos son los menos vulnerables al coronavirus, pero son los más afectados por las políticas públicas dispuestas para responder a ella. ¡Las escuelas cierran! En Europa se registró un gran progreso.

Al principio cerramos las escuelas, pero ahora, durante la segunda ola, siguen abiertas. Hemos aprendido que, en general, las escuelas no son súper-difusoras del virus y que los chicos más pequeños no contribuyen demasiado a esparcirlo. También hemos aprendido cómo hacer las escuelas más seguras, cómo coexistir con el virus. Y, por último, porque comprendimos el daño que esto causa en los chicos. Cómo reaccionamos dice mucho sobre las prioridades de las naciones. Si dejas que abra el cine y los restaurantes y cierras las escuelas, ¿qué dice eso sobre nuestro futuro?

-En ciertos puntos de la Argentina, ya abrieron los casinos, pero no las escuelas.

-[Asiente con la cabeza] ¡Lo sé!¡Pensemos en esos padres y abuelos que invirtieron el poco dinero que tienen en la educación de sus hijos! ¡Ése es el futuro de nuestras naciones! En Occidente ya se gastó el dinero de nuestros hijos en los paquetes para la recuperación de la pandemia. Por eso debemos aclarar cuáles son nuestras prioridades. Las escuelas reabrieron en la mayoría de los países de Asia, mientras que, en Europa lentamente comienzan a entender el elevado costo de cerrar las escuelas.

-Cito un comentario suyo reciente: "Los maestros deben cambiar la forma en que enseñan en estos tiempos". ¿Cómo?

-Veamos los resultados de la Argentina en las pruebas PISA. ¿Por qué no son buenos? Porque los estudiantes aprendieron cómo repetir los conocimientos fácticos, pero cuando deben extrapolar y aplicar esos conocimientos de manera creativa a otras situaciones, ni siquiera saben por dónde empezar. El problema es que las cosas que son fáciles de enseñar y de evaluar son también fáciles de digitalizar y automatizar y, por lo tanto, están desapareciendo rápidamente del mercado laboral. ¡El avance de la inteligencia artificial debería llevarnos a pensar más arduamente qué nos hace humanos! Nuestros sistemas educativos resultan útiles para educar al equivalente de robots de segunda categoría, es decir, a personas que son buenas para repetir lo que les decimos. Pero el mundo actual, el rol de un maestro no es el de transmitir conocimientos, sino el de ser un buen coach, mentor, facilitador, evaluador y trabajador social. Eso es lo que estamos viendo en los mejores sistemas educativos. Si te preguntas por qué a Vietnam, Singapur, Finlandia o Estonia les está yendo bien, sus maestros no dan lecciones magistrales. Entienden los temas y saben cuán diferente aprenden sus distintos alumnos. Realmente conocen a sus alumnos.

-¿Qué hacemos con los alumnos que abandonaron la escuela?

-En lo inmediato, darles educación prioritaria. Cuando reabran las escuelas, si tienen capacidad limitada, convoquen primero a los alumnos de las zonas menos favorecidas y denles apoyo adicional. ¡Convoquen primero a los estudiantes que más lo necesitan! Pero lo más importante es hacer que el aprendizaje sea más relevante para los chicos. ¿Por qué tantos jóvenes argentinos abandonan la escuela? No es porque sus padres no tengan dinero. ¡Es porque no pueden vincular lo que les enseñan con sus vidas cotidianas! Si administras un supermercado y todos los días ves que 300, 400 personas no compran nada, ni hoy, ni la semana próxima, ni al año siguiente, ¡harías las cosas distinto! ¿O no? ¡Pero no lo hacemos en el campo educativo! Desde hace 40 años enseñamos las mismas cosas, ¡les enseñamos trigonometría a los chicos argentinos de 15 años! Hoy, lo que hay que aprender en el mundo de las matemáticas es el fenómeno probabilístico, cambio climático y hasta la dispersión del virus, todas ideas matemáticas que son relevantes hoy. ¡Enseñémosle eso en vez de cosas que eran útiles hace 400 años! ¡Hagamos que el aprendizaje sea más aplicable! El sistema argentino, al igual que el de muchos países europeos, está totalmente orientado a lograr el ingreso de sus egresados a la universidad. Es su único rol, incluso para aquellos chicos que están pensando en otros destinos y que, por tanto, no encuentran nada para ellos en las escuelas. ¡Por eso abandonan! Y le anticipo: después de la pandemia, será mucho más difícil que vuelvan a las aulas, porque muchos seguían yendo porque estaban acostumbrados a ir, pero ahora ya no lo están.

-¿Deberíamos evaluar a los alumnos? En la Argentina, algunos plantean que sería "estigmatizar" a ciertos estudiantes.

-¡Absolutamente! La evaluación es necesaria: si no sabes cómo están los chicos, ¡les pierdes el rastro y el sistema educativo se torna aún más elitista! La pregunta es otra: ¿qué harás con los resultados de esa evaluación? Si los usas para estigmatizar a ciertos chicos, ése es otro problema, pero que no sepamos nada sobre la situación de esos jóvenes es terrible. ¡No puedes mejorar lo que no ves! Y hacer visibles a todos los jóvenes es el primer paso para resolver el enigma educativo.

-La OCDE acaba de difundir el informe "Diseñando una currícula lista para el futuro". ¿Cómo pueden actualizarse las escuelas sin sobrecargar aún más a los alumnos?

-Enseñando menos cosas, pero más profundo. No se trata de sumar nuevas cosas. Le daré un ejemplo: en la Argentina, en las materias vinculadas a las ciencias, aprendes una enorme cantidad de conocimientos sobre física, química y biología, pero para el momento en que te graduaste, la mitad de ese conocimiento ya está desactualizado. Eso es un ejemplo de sobrecarga. Pero, lo que no aprenden los estudiantes argentinos es a pensar como un científico. ¿Pueden diseñar un experimento? ¿Pueden distinguir las preguntas que son científicamente consistentes de las que no lo son? ¡Eso es lo que debemos enseñar! De hecho, la currícula podría ser mucho más corta. Si mira el sistema educativo de Finlandia, su currícula son 40 páginas, en todos los años, en todas las materias, porque se enfocan en las ideas nucleares de cada tema. ¿Puedes pensar como un matemático? ¿Puedes pensar como un historiador? Si logras eso, puedes dominar todo el conocimiento disponible en el mundo y si algo nuevo ocurre, cuentas con las herramientas para el aprendizaje.

-¿Es optimista?

-Depende. Creo que esta pandemia impulsó más innovaciones tecnológicas y sociales en el campo de la educación de las que hemos visto en muchos años. Hemos visto menos "reformas", pero más cambios. Eso me da esperanzas, me lleva a pensar que los sistemas educativos, bajo presión, son capaces de cambiar, cuando había perdido cierta confianza en que fuera posible. Durante años, no habíamos visto mejorías, ni cambios, pero ahora hay mucho "momentum". Espero que, después de esta crisis, tengamos muchos estudiantes que encaren a sus maestros y les digan: "He aprendido con muchos más recursos, así que no quiero volver a sentarme en un aula y volver a ser un consumidor pasivo". También espero que haya muchos maestros que encaren a los directivos y les digan: "Me he convertido en un buen coach, en un buen mentor de mis alumnos. Quiero trabajar con ellos, quiero diseñar mi propio ambiente de enseñanza, en vez de simplemente leer un texto del manual. No quiero volver a la forma 'industrial' de trabajar". Y creo que veremos a muchos directivos que les dirán a las autoridades: "Durante la crisis, nos abandonaron a nuestra suerte y nosotros creamos nuestra propia forma de trabajar y nuestra propia comunidad educativa, no nos hagan volver al status quo". Veremos algo de eso.

-¿Cuáles son las preguntas que deberían plantearnos ahora?

-Más que pensar en el futuro predecible de acuerdo al sistema educativo vigente, deberíamos pensar en futuros alternativos y pensar cuáles serían las consecuencias de esos futuros posibles para los estudiantes, para los maestros, para el sistema educativo. ¡Pensemos qué futuro queremos! Porque solemos concentrarnos en cómo operar el sistema, en los procesos, en las personas, en la tecnología, pero no lo suficiente en qué queremos que aprendan los jóvenes. ¿Qué significará el "éxito educativo" en el mundo del mañana?

-¿Hay alguna pregunta que no le planteé y desee abordar?

-¡Sí! Si miro a la Argentina en términos de educación, pienso que durante los últimos 10, 15 años no he visto muchos cambios, ni mejoras, sino que la tendencia fue a mercantilizar la educación, que los estudiantes se convirtieran en "consumidores", los padres en "clientes" y los maestros en "proveedores de servicios", y creo que eso provocó una distancia educativa muy insalubre. Espero que esta pandemia haga de las escuelas argentinas una empresa social, donde los alumnos sean aprendices activos, a los maestros les guste trabajar con personas más que solo dictar el tema del día, con una cultura colaborativa muy fuerte entre los docentes, y donde el sistema educativo sea mucho más que la suma de miles de escuelas. Espero que esta pandemia traiga otra vez el corazón a la educación argentina.

-En estos tiempos de pandemia global, ¿qué libros o películas o música o cualquier otra actividad sugiere a los argentinos para distraerse o, acaso, aprovechar el tiempo? ¿Qué hace usted con su tiempo libre?

-Honestamente, y creo que lo mismo le pasa a la mayoría de la gente, ¡estoy tan ocupado que casi no tengo tiempo libre! [Risas] Mis días comienzan muy temprano y terminan muy, muy tarde. ¡Para mí era mucho mejor antes de la pandemia! [Risas]. En cuanto a libros, uno que pienso que todos deberíamos leer en estos días es Homo Deus, de Yuval Noah Harari. Creo que nos enseña algo sobre cómo podría ser el futuro de la humanidad en momentos en que esta pandemia ha puesto bajo la lupa todo lo que dábamos por obvio y que llevó a que todos los días nos levantemos en un mundo nuevo. Ese libro pinta una imagen muy aleccionadora sobre la historia de la humanidad y sobre nuestros posibles futuros.

Por: Hugo Alconada Mon

Biografía
Nacido en 1964, obtuvo una licenciatura en física en la Universidad de Hamburgo y una maestría en matemáticas y estadísticas en la Universidad de Deakin, Australia.

Entre 1993 y 1994 trabajó para la International Association for Educational Achievement (IEA) y en 1997 pasó a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Iniciador y máximo responsable de las evaluaciones PISA, ejerció como director del Departamento para Indicadores y Análisis para la Educación de la OCDE, y desde 2014 es el máximo director para la Educación y las Habilidades del organismo.

Receptor de múltiples premios y reconocimientos, suele recordar que un maestro concluyó que jamás completaría el bachillerato, pero que su padre, profesor universitario de pedagogía, logró que siguiera estudiando y concluyera el secundario con las máximas calificaciones.

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