Sunchalenses por el mundo: Ignacio Ristorto, ingeniero de profesión, viajero por vocación

Sociedad 19 de abril de 2020 Por Leandro Gómez
Es ingeniero químico, pero antes viajero inquieto. Creció en Sunchales, estudió en Santa Fe, trabajó en Buenos Aires y desde 2018 se encuentra en Europa. Bilbao fue su primer escala y en enero se fue a vivir a Zalau, Rumania, donde trabaja como gerente de mejora continua de procesos para la multinacional Tenaris.

"La curiosidad que empuja a uno a moverse siempre está ahí", dice Ignacio Ristorto, un sunchalense que vive en Rumania. Sin embargo, hoy la pandemia de coronavirus lo obliga a pasar la mayor parte del tiempo en el interior de su casa en Zalau, una ciudad "no mucho más grande que Sunchales", con alrededor de 55 mil habitantes. Es un recién llegado, ya que se instaló en ese lugar a principios de 2020. Antes, vivió en Bilbao, destino que escogió en 2018 para estudiar y seguir formándose en su profesión de ingeniero químico.

Mientras estuvo en Argentina, y luego de recibirse en la capital de nuestra provincia, se mudó a Buenos Aires, puntualmente a Campana, donde trabajó como asistente operativo en Tenaris Siderca. Pero su ímpetu aventurero lo llevó al viejo continente hace casi dos años: "Yo estaba trabajando en Argentina, en Campana; de ahí me voy a España a estudiar, y vuelvo a Rumania dentro de la misma empresa. Estoy como gerente de mejora continua de procesos".

Por el momento, regresar al país no es algo que figure en sus planes más próximos. Aunque asegura que "siempre me interesa tener un ojo en el próximo paso", sabe que "por ahora, la situación sigue por acá".

"Hace cuatro meses que estoy acá y estoy tratando de aterrizar. En el medio me agarró toda esta pandemia que genera mucha incertidumbre. Una de las cosas que siempre dije desde que salí del país fue que, mientras tenga dinero en la cuenta  para pagarme un pasaje de vuelta a mi casa mañana, esa era mi condición para decir 'bueno, salgo', por si pasa algo con mi familia, por si los extraño demasiado, o lo que sea. Y hoy me podría comprar el pasaje de avión, pero no puedo, está todo paralizado. Eso te hace pensar un poco, pero creo que mi vida va a seguir un poco desconectada de Argentina por un tiempo más".

CÓMO ES EL AISLAMIENTO EN RUMANIA

De acuerdo al relato del sunchalense, el contexto actual está marcado por fronteras parcialmente cerradas, millones de rumanos que volvieron al país, una comunidad religiosa ortodoxa que no interrumpe sus celebraciones masivas, resabios del comunismo y órdenes militares que administran el aislamiento social.

"Hay un confinamiento, pero no es el mismo que está pasando en Argentina, por ejemplo. Puedo seguir yendo a trabajar, tenemos una autorización firmada por la empresa que nos permite circular hacia el trabajo. Después, hay una lista de actividades que uno puede salir a realizar; antes de salir, tenés que firmar tu propia autorización diciendo qué es lo que vas a hacer. Entonces, si la policía o el ejército te paran, mostrándoles esa carta que vos firmaste, estás avalando lo que fuiste a hacer. Lo que se puede hacer son actividades agrícolas, sacar a pasear al perro, ir al supermercado o a la farmacia, cuidado mayores o niños, y no mucho más".

"Acá la gran mayoría de la población es católica ortodoxa" -dice Nacho-, "esta semana es semana de pascuas. Y siendo una comunidad bastante religiosa, la gente no deja de ir a la iglesia. Ahora estaban organizando, a través de la policía, ceremonias que son muy importantes y que juntan mucha gente, para que se hagan pero evitando los focos de contagio".

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Con respecto al confinamiento en su ciudad actual, el sunchalense nota que "es raro cómo se manejan las cosas". Explica que "Rumania sale del comunismo en 1989, pero hoy en día los anuncios que se hacen son órdenes militares. Siento como que siguen con ese origen todavía, hay órdenes militares y desde ahí bajan. Zalau tiene dos entradas nada más, es un pueblo que está en el valle entre montañas, entonces los accesos están bastante restringidos por la geografía, y hay una ruta principal que la cruza. Y en las dos entradas hay camiones militares con soldados armados". 

En una ciudad pequeña como Zalau se emplazan dos grandes compañías como Tenaris, donde trabaja, y Michelin. Y ambas, cuenta, ejercen gran influencia sobre la comunidad en este marco de aislamiento social. "Tenaris tiene también actividades en Italia, Estados Unidos, México, Argentina, China, y se mantiene una comunicación bastante transversal dentro de la compañía. Entonces se empiezan a tomar muchas medidas dentro de la empresa mucho antes que las adopte el país mismo. Por ejemplo, se está fomentando mucho el teleworking para que la gente trabaje desde la casa; la cantina donde solíamos tener el almuerzo cerró y ahora lo tenemos en la oficina los días que vamos a trabajar ahí; las reuniones están acotadas y la mayoría de la gente se conecta vía Skype, por más que estemos uno al lado del otro o en el mismo piso". 

"Acá hay dos empresas muy grandes, una es Tenaris y la otra Michelin. Para una ciudad del tamaño de Zalau son bastante importantes y le setean un estándar bastante alto", remarca.

SU ADAPTACIÓN A ZALAU, INTERRUMPIDA POR LA PANDEMIA

"Cuando uno viaja y sale del entorno común, hace otra vez su entorno en otro lugar. A mí me agarró un poco en offside, porque estoy recién llegado y tratando de armar ese entorno social nuevamente. El hecho de que bares, restaurantes, gimnasios y clubes estén cerrados, impacta bastante. Ya teníamos una dinámica bastante linda con gente de ir los miércoles a un bar, los sábados a otro y hacer un poco de salidas, y eso se ve afectado".

El idioma es otro punto del que se ocupa desde su llegada a Rumania. Está tomando clases de rumano, pero, mientras tanto, el inglés aporta las soluciones necesarias: "Dentro de la empresa se habla muchísimo inglés, porque dentro del grupo la mayoría de la gente habla italiano o castellano, es como que no queda otra que cuando hay una reunión se hable en inglés", detalla.

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Con respecto a su entorno social más cercano, cuenta que "hay gente de Argentina que no vive acá en Zalau, vive en Cluj, que es una ciudad que está cerca. Hay un mexicano viviendo en Zalau, un uruguayo en Cluj y un italiano, y son con los que armamos un poco de rancherío cuando nos juntamos. Pero la verdad es que me saco el sombrero con la gente de acá, que si bien no tiene la misma idiosincrasia latina de la juntada, de caerle a uno a tomar algo, son gente muy cariñosa y de recibir".

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Las costumbres argentina viajaron con él hasta Rumania. Hace milanesas y toma mates, aunque esto último se volvió más difícil desde que los países empezaron a cerrarse y encontrar dónde comprar yerba es casi un imposible: "Estoy en período de racionalización extrema. Antes, como en Italia es mucho más fácil conseguir yerba, el que viajaba traía. Y como ahora se paró todo, tengo medio kilo que lo estoy atesorando".

La cuarentena también lo obligó a dejar en suspenso otras actividades que salen de lo cotidiano, como viajar y asistir a festivales: "Dejé muchos amigos en Bilbao, así que uno de esos viajes es volver para allá. También tengo amigos en Madrid y en Italia que quiero ir a visitar, si bien no tengo un ticket comprado, era parte del plan venir para acá y pivotar hacia España, Italia, Francia a visitar gente amiga".

EL LAZO QUE LO UNE A SUS ORÍGENES

"La familia es lo primero que se extraña, más en estos tiempos, que uno ve un poco de preocupación en los padres, en los abuelos, en los tíos, y quisiera estar más cerca de los suyos. Uno siempre va a mantener esa conexión con el lugar que a uno lo vio crecer y en el cual pasó la niñez, la adolescencia. Siempre va a quedar ese vínculo con Sunchales y con Argentina, pero la curiosidad que empuja a uno a moverse siempre está ahí".

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