Es el sistema de salud, estúpido

Política 18 de abril de 2021 Por Coni Cherep
"La gente se divide en torno a las decisiones que se deben tomar. Lo que no puede pasar es que el «odio» a las figuras políticas, nos impongan conductas sanitarias. Lo que está en juego, habrá que repetirlo las veces que haga falta, es el sistema público de salud, y las posibilidades de salvar las vidas que se puedan. No hay otro valor por encima de ese, al menos hoy" opina el periodista Carlos Cherep.
es el sistema de salud estupido

"La estupidez insiste siempre. Uno se daría cuenta de eso, sino pensara siempre, solo en si mismo"
Albert Camus, La Peste.

Los argentinos tendemos a creer siempre que somos los peores o los mejores, no nos gustan los lugares comunes. Nos cuesta aceptarnos como vulgares e indistintos. El país sufre las consecuencia que sufren todos los países subdesarrollados, endeudados y carentes de recursos, pero además, encadena una serie de pandemias que veniamos acumulando sin advertir que, en la suma, nos pondrían en riesgo de supervivencia.

No somos los peores, claro. Pero somos uno de los pocos paises del mundo que no pueden evitar una enfermedad desterrada hace años de los paises que crecen: la inflación. El dinero argentino vale cada día menos y menos, y en esa desesperación que convirtió al almacenero de la esquina en especialista de temas financieros, todos complotamos para que la escalada sea cada día peor. Sólo en marzo, tuvimos la inflación anual de los paises pobres. O el quíntuple de lo que tienen las economías desarrolladas, en crisis.

Los gobiernos no gozan de la confianza de nadie. La confianza sigue siendo, guste o no, el factor central de cualquier proceso de crecimiento o salida. Sin confianza no hay nada que se pueda hacer. Y si a esa desconfianza sustentable per se, le sumamos la acción intencional de una oposición extraviada en sus verdaderos objetivos, bingo.

¿Qué el gobierno nacional ha sido incapaz de establecer políticas de superación al estado en que recibieron las cosas? Claro, ninguna duda.

¿Qué la corrupción sigue siendo una marca visible de la gestión y que esas marcas se vuelven más insoportables cuando la crisis se agudiza? Ninguna discusión.

¿ Que el presidente comete errores y que las internas de su propio partido lo ponen en situaciones cada vez más expuestas y difíciles? También, ¿quien lo va a discutir?

El problema es que tenemos que afrontar otra pandemia, que se le agrega a la pandemia inflacionaria, a la pandemia de corrupción y a la peor de todas, a la pandemia de incapacidades manifiestas en la gestión pública.

La segunda ola del covid-19 nos agarra, insólitamente, peor que en la primera ola. Perdimos el tiempo, tenemos al personal de salud agotado y en muchos casos, decididos a abandonar la pelea. Tenemos a la sociedad partida por las consecuencias financieras del confinamiento eterno de marzo a julio del año pasado, y a miles de pibes que o bien, sufrieron un año lectivo parcial o bien, abandonaron el sistema. En mi provincia, Santa Fe, el oficialismo reconoce que 40 mil abandonaron la escuela. Las estadísticas de la oposición, hablan de 100 mil.

Y tenemos 50 mil muertos, claro. Y una multiplicación de dolores que si no son a consecuencia de las muertes cercanas, se fundan en el martirio que supone para muchos, haber sufrido la enfermedad y sus complicaciones.

Pero ¿qué hacemos ahora? La pregunta sigue siendo la misma, nos joda o no responderla.

El dilema sigue siendo el mismo, y en peores condiciones mentales que hace un año atrás: ¿Que elegimos? Sostener la vida casi «normalmente» o retomar algunas decisiones que , aun impopulares y claramente dañinas en lo económico, apunten a evitar lo que hasta ahora evitamos, pero podemos dejar de hacer: que colapse el sistema, que los hospitales y los sanatorios no consigan atender a todos los que sufrirán el virus, y que el número de víctimas fatales se multiplique.

No nos sobran médicos ni enfermeros, no estamos a salvo – aún vacunados- de que volvamos a tener bajas mortales en el personal, por varios motivos: el stress es el padre de todos los males que aquejan a los trabajadores, que mal pagados y maltratados - en los últimos días por el propio presidente y su frase de «la relajación» -, sólo tienen dos motivos para mantenerse en el frente de batalla: sus compromisos hipocráticos y la necesidad de sobrevivir.

LAS COSAS NO QUITAN LAS OTRAS

Es cierto que hubo vacunatorios VIP. Pero eso no modifica la estadística. No hay vacunas porque los laboratorios no cumplieron con los acuerdos. Aún así, la idea de que una sola vacuna haya parado en brazos que no correspondían, abre el paso a la queja. No hay confianza sin decencia. No hay decencia si no entiende que los asuntos públicos URGENTES son más importantes que los problemas judiciales de Macri o de Cristina.

Que los gobernantes especulen con sus suertes electorales no implica que, a la vez, deban enfrentarse a la Pandemia del COVID con los pocos recursos que tienen a mano. 

Que sí, que el gobierno nacional incentivó de manera irracional el turismo durante Semana Santa, cuando lo razonable era todo lo contrario. Pero ahora hay que afrontar las consecuencias y las pagamos todos. Los que no viajamos, también.

Que la educación presencial es un tema prioritario, nadie lo discute. Pero del mismo modo, nadie puede negar que su funcionamiento dependerá siempre de las variables epidemiológicas. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles para sostener abiertas las escuelas, pero el precio no puede ser la multiplicación del contagio, la circulación y la concentración de gente.

Tomar decisiones es una responsabilidad de los que gobiernan, y nos gusten o no, deben ser acatadas. Escuchar a la presidenta del PRO, Patricia Bullrich preguntarse por televisión «¿Que autoridad tiene Fernández para tomar decisiones?» es paradójico. La ex-piba habla en nombre de la República y se olvida que hasta 2023, y con todas las críticas que le quepan, Fernández es y será el Presidente de los argentinos, por voluntad popular y por cumplimiento de las normas republicanas. Entonces, ¿cómo se atreve a preguntar por la autoridad que tiene?

Macri lo agrava: llama a los intendentes del AMBA a rebelarse contra las medidas nacionales. ¿Qué juego cree que juega el ex presidente? La misma confusión le cabe a quienes en nombre de asuntos tan confusos como «el ideario libertario», se empecinan en provocar discusiones falsas, poniendo en dudas las pocas respuestas que en tiempo récord alcanza a dar la ciencia. 

¿Que el discurso del presidente estuvo repleto de aseveraciones falsas y agresiones innecesarias? Sí, claro. El problema es que se trata del único presidente que tenemos y los castigos que le quepan por su accionar deben discutirse en las urnas, no en medio de un bombardeo de virus, que deja centenares de muertos al día.

En medio de la muerte, hay quienes piensan en los próximos resultados electorales. No saben, nunca lo sabemos, pero ahora con más razones, si llegarán vivos al momento de la contienda. Pero igual proyectan un enfrentamiento que creen, les dará ventajas.

Que sí, que las vacunas - todas - tienen una pequeña falla: les falta la cuarta etapa, esa que demora al menos cuatro años en cualquiera de las vacunas que creó la humanidad. Que sí, que hay algunas que posiblemente sean mejores que las otras, pero a la vez, todas traen por ahora más beneficios que perjuicios. Y hoy, se trata de elegir el daño menor y no buscar las certezas que nadie tiene en el mundo.

Y a eso, agreguemos la especulación de los laboratorios: no sólo no liberan las patentes para que cada país pueda empezar un proceso de producción y aplicación más rápida, sino que establecen guerras públicas que someten a los países más pobres a no tener lo que necesitan y no pueden pagar. Argentina es uno de esos paises, claro. Le pasa a Canadá, o a España. ¿Cómo no nos sucedería a nosotros?

Sí, el gobierno eligió a Rusia y a China antes que a las vacunas europeas o norteamericanas. Que se inclinó y puso en dudas, una vez más, la transparencia en la negociación del abastecimiento. Pero a la vez los laboratorios imponen las reglas del mercado, y ahí, siempre gana el poderoso. Y si algo no tenemos, en ningún ámbito internacional, es poder. Ni correlaciones de fuerzas para enfrentar al mercado. Debemos hasta lo que no tenemos, y la deuda no es un tema exclusivo del macrismo y sus cuatro años de fiesta liberal y ajuste salvaje. No, la deuda es un asunto de acumulación histórica, y nadie está a salvo de sus responsabilidades en el asunto. Menos que menos el Kirchnerismo, que gobernó 14 de los últimos 18 años del país.

Angela Merkel explica que no hay otra forma de enfrentar al virus que tomando decisiones drásticas: anuncia el cierre parcial de las escuelas y ordena el fin de la noche. Desde las 18:00 no circulará la gente por Alemania. En Francia ocurre lo mismo: debido a este rebrote, volvió a decretar a finales de marzo medidas de confinamiento de alcance nacional: la población no pueden salir a la calle pasadas las 19:00 ni desplazarse, a ninguna hora, a más de 10 kilómetros de sus casas, salvo motivos laborales o médicos. Las guarderías y las escuelas primarias y secundarias se encuentran cerradas hasta el 26 abril como mínimo, así como los comercios no esenciales

En España nunca dejó de ocurrir: los españoles abren y cierran a diario, las fronteras entre sus Provincias. En la misma Canadá que no tiene vacunas, se suspenden las escuelas, y establecen- ayer mismo - la prohibición de la circulación desde las 18:00. En Uruguay también. Brasil sigue gobernada por un demente con armas y una biblia en la mano. Allí se acumulan cuerpos sin identificar. Una imagen que podemos llegar a ver en nuestros barrios populares, si no hacemos algo rápidamente.

India registró este sábado un récord diario de casos de coronavirus al sumar 234.692 en la última jornada, con lo que ya son 14.526.609 los positivos confirmados desde que estalló la pandemia.

LA PEOR DE TODAS LAS PESTES: LA ESTUPIDEZ

Es mentira que la pandemia nos haría mejores. Ahí están los laboratorios del mundo especulando y exigiendo condiciones para facilitar el remedio. Hay gobiernos que lo hicieron mejor que otros, claro. Hay gobiernos que pensaron rápido en sus habitantes, y otros, que pusieron en el medio todas las ambiciones personales.

«La gente» se divide en torno a las decisiones que se deben tomar, y obviamente piensan en sus necesidades y eso es lógico, mucho más en un país donde gobierna desde hace mucho la improvisación y la indecencia.

Lo que no puede pasar es que el «odio» a las figuras políticas, nos impongan conductas sanitarias.

Lo que está en juego, habrá que repetirlo las veces que haga falta, es el sistema público de salud, y las posibilidades de salvar las vidas que se puedan. No hay otro valor por encima de ese, al menos hoy.

Alguna vez pasará este tiempo de hastío y agobio, ojalá sea pronto, pero no hay señales que nos permitan esperanzarnos con que sea más temprano que tarde.

Mientras tanto, seamos conscientes de nuestros males, de todos los males que nos aquejan: tenemos pandemias de corrupción, de violencia, de inflación, de marginalidad y de educación. Nos hacen falta soluciones y eso será la consencuencia de elegir mejores gobiernos en el futuro, no de quemar todo lo que esté a nuestro paso ahora.

Si a todo eso le sumamos la segunda ola del Covid, y una nueva ola de estupidez colectiva, es dificil imaginar un futuro. Ya no hablo de un buen futuro, sino del futuro mismo.

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