Nunca Más… Las víctimas del terrorismo de Estado en Sunchales

Sociedad 24 de marzo de 2021 Por Romina Lusso - Hijos del Pueblo
"Qué difícil es escribir un artículo sobre un tema tan sensible, tan presente y tan nuestro, pedimos disculpas de antemano si se omite información, datos, nombres, la idea es dar a conocer el contexto histórico a partir del 24 de marzo de 1976 y centrarnos principalmente en los tres jóvenes sunchalenses víctimas del terrorismo de Estado… Orlando Navarro, Fernando Abasto y Hugo Gastaldo".
Desaparecidos_Sunchales

"El 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas protagonizaron en la Argentina un nuevo golpe de Estado. Interrumpieron el mandato constitucional de la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón, quien había asumido en 1974 después del fallecimiento de Juan Domingo Perón, con quien en 1973 había compartido la fórmula en calidad de vicepresidenta. El gobierno de facto, constituido como Junta Militar, estaba formado por los comandantes de las tres armas: el general Jorge Rafael Videla (Ejército), el almirante Emilio Eduardo Massera (Marina) y el brigadier Orlando Ramón Agosti (Aeronáutica).

La Junta Militar se erigió como la máxima autoridad del Estado atribuyéndose la capacidad de fijar las directivas generales del gobierno, y designar y reemplazar a la Presidenta y a todos los otros funcionarios.

La madrugada del 24, la Junta Militar en una Proclama difundida a todo el país afirmó que asumía la conducción del Estado como parte de «una decisión por la Patria», «en cumplimiento de una obligación irrenunciable », buscando la «recuperación del ser nacional» y convocando al conjunto de la ciudadanía a ser parte de esta nueva etapa en la que había «un puesto de lucha para cada ciudadano».

El mismo miércoles 24, la Junta tomó las siguientes medidas: instaló el Estado de sitio; consideró objetivos militares a todos los lugares de trabajo y producción; removió los poderes ejecutivos y legislativos, nacionales y provinciales; cesó en sus funciones a todas las autoridades federales y provinciales como así también a las municipales y las Cortes de Justicia nacionales y provinciales; declaró en comisión a todos los jueces; suspendió la actividad de los partidos políticos; intervino los sindicatos y las confederaciones obreras y empresarias; prohibió el derecho de huelga; anuló las convenciones colectivas de trabajo; instaló la pena de muerte para delitos de orden público e impuso una férrea censura de prensa, entre otras tantas medidas.

Amplios sectores sociales recibieron el golpe militar en forma pasiva, otros lo apoyaron, otros lo impugnaron y unos pocos lo resistieron. Era una nueva interrupción del marco constitucional –la sexta desde el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen en 1930– que, una vez más, prometía dejar atrás el «caos» imperante y retornar al siempre enunciado y anhelado «orden».

En esta oportunidad, la búsqueda de ese «orden» supuso comenzar a instrumentar un disciplinamiento, en un contexto caracterizado por la creciente movilización social y política. La sociedad fue reorganizada en su conjunto, en el plano político, económico, social y cultural. La dictadura se propuso eliminar cualquier oposición a su proyecto, aniquilar toda acción que intentara disputar el poder. El método fue hacer «desaparecer» las fuentes de los conflictos.

Lo que singularizó a la dictadura de 1976 fue algo que ninguno de los regímenes previos practicó: la desaparición sistemática de personas. Esto es: ciudadanos que resultaron víctimas de secuestros, torturas y muertes en centros clandestinos de detención desplegados a lo largo de todo el país, cuyos cuerpos nunca fueron entregados a sus deudos. La dictadura pretendió borrar el nombre y la historia de sus víctimas, privando a sus familiares y también a toda la comunidad política, de la posibilidad de hacer un duelo frente a la pérdida.

El terror se utilizó como instrumento de disciplinamiento social y político de manera constante. La violencia, ejercida desde el Estado, se convirtió en práctica recurrente, a tal punto que constituyó la «regla» de dominación política y social. Se trató, entonces, de una política de terror sistemático.

La violencia política ejercida contra quienes eran identificados como los enemigos del régimen operó de manera clandestina.

En 1979, en una entrevista periodística, el dictador Jorge Rafael Videla dijo una frase que con el tiempo se volvió tristemente célebre: «Le diré que frente al desaparecido en tanto este como tal, es una incógnita, mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto ni vivo… Está desaparecido».

El ejercicio sistemático del terror –caracterizado por la desaparición de personas y la existencia de centros clandestinos de detención– desplegó otro mecanismo siniestro: la apropiación de menores. Los responsables del terrorismo de Estado consideraban que para completar la desaparición de la forma ideológica que pretendían exterminar era necesario evitar que ésta se transmitiera a través del vínculo familiar. Por eso, se apropiaron de los hijos y las hijas de muchos de los desaparecidos. El procedimiento de apropiación se llevó a cabo de diferentes maneras. Algunos fueron secuestrados junto a sus padres y otros nacieron durante el cautiverio de sus madres que fueron secuestradas estando embarazadas. Muchas mujeres dieron a luz en maternidades de modo clandestino y fueron separadas de sus hijos cuando éstos apenas habían nacido.

Los niños y las niñas robados fueron inscriptos como propios por los miembros de las fuerzas de represión; vendidos; abandonados en institutos como seres sin nombre; o dados en adopción fraguando la legalidad, con la complicidad de jueces y funcionarios públicos.

De esa manera, al anular sus orígenes los hicieron desaparecer, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad. Sólo unos pocos fueron entregados a sus familias.

Bajo este contexto surgió la Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo, organización no gubernamental que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias a todos los niños apropiados por la represión política.

En todos sus años de lucha, las Abuelas encontraron a varios de esos nietos desaparecidos y pudieron generar conocimiento sobre el proceso de restitución del origen familiar.

El funcionamiento de los centros clandestinos tenía su propia rutina. Las víctimas eran secuestradas en plena vía pública, en sus casas o en sus lugares de trabajo. Una vez adentro eran sometidas a condiciones extremas de detención: aislamiento, malos tratos, escasos alimentos, poca agua, mínima higiene. La tortura fue el principal método represivo utilizado para obtener información sobre la vida y las actividades de los prisioneros o los conocidos de éstos.

Muchos de los detenidos permanecieron en esta situación durante meses e, incluso, años hasta su traslado definitivo lo que en general, significaba la muerte. Sin cuerpos no hay pruebas, sin pruebas no hay delito, como tantas veces dijeron los militares mismos. La desaparición instalaba en la sociedad una incertidumbre y, sobre todo, un gran temor a lo desconocido y amenazante: ¿qué había pasado con el vecino, el compañero de trabajo, el amigo, el hermano, el hijo?, ¿dónde estaban?, ¿estaban vivos?, ¿estaban muertos?.

Ese efecto era suficiente para imponer una cultura cotidiana del miedo y de la desconfianza («por algo será» o «algo habrá hecho»), del silencio («el silencio es salud») y del autoencierro.

Nuestra ciudad no estuvo ajena a los acontecimientos nacionales, tres jóvenes sunchalenses fueron víctimas del terrorismo de Estado, Orlando Navarro, Fernando Abasto y Hugo Gastaldo a quienes hoy recordaremos y daremos a conocer parte de su historia justamente en este día donde se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

Orlando Navarro

Orlando Navarro

En la página web del Partido Comunista Revolucionario de la Argentina (http://www.pcr.org.ar) el 03/09/2014 publicaron el siguiente artículo a 38 años de su secuestro y asesinato: “El 10 de septiembre de 1976, era secuestrado el compañero Orlando Navarro, joven de 25 años, que hacía poco se había recibido de abogado en Santa Fe.

Oriundo de Sunchales, Orlando fue activo militante del Centro de Estudiantes de Derecho, cuya Comisión Directiva integró en representación del Faudi (agrupación universitaria antecesora de la CEPA).

Una semana después de su secuestro, el 17 de septiembre, su cadáver apareció en la Comisaría 3ª de la ciudad de Santa Fe. Orlando murió en la tortura en la seccional policial y se trató de cubrir el crimen, simulando un suicidio. El compañero Navarro fue activo defensor de la línea antigolpista de nuestro Partido, como testimonia su foto en el diario El Litoral del 3 de mayo de 1975, denunciando los preparativos golpistas, y fue apoderado legal del PCR.

Además, ayudó a organizar a los obreros rurales de la costa santafesina. Como dijo Luis Molinas en un homenaje hace unos años “Nunca lo recordamos como un idealista, ni como un soñador utópico, sino como un joven que aún a costa de su vida peleó en el pasado por las mismas razones y por las mismas causas por las que luchamos en el presente”.”

Sus restos actualmente descansan en el cementerio local.

Fernando Abasto

Fernando Abasto

En la página web de Roberto Baschetti (www.robertobaschetti.com), en el apartado “Militantes del peronismo revolucionario uno por uno”, comparte la siguiente información: “Mormón”. Hijo único. Nacido en Santa Fe. Hincha de River y buen jugador de básquet en su adolescencia. Sus padres se separaron cuando él era muy chiquito, por lo que vivió con su madre sin tener relación alguna con su padre. (…) Cuando comenzó la escuela secundaria, él con su madre se fueron a vivir a Sunchales, donde ella puso una óptica. Más tarde, Fernando se fue a Santa Fe a estudiar Ingeniería Química, carrera que comenzó en 1970. Cuadro de Juventud Universitaria Peronista (JUP) y Montoneros, conocido como “Clark Kent” por su parecido al personaje de Superman. A nivel universitario se plegó a la lucha por conseguir el comedor estudiantil y luego en todo el proceso del “Luche y Vuelve”. A pesar de que su actividad política era cada vez mayor, no dejó nunca la Facultad porque había asumido ese compromiso con su madre. Sus apuntes de clase universitaria eran muy solicitados por sus compañeros de estudio, debido a la precisión con que estaban hechos. Era un buen hijo, responsable, honesto, sensible y con una capacidad intelectual enorme; siempre tuvo claro lo que quería y vivió conforme a eso. Un compañero, “El Pato” dice sobre él: “Fernando era un tipo fuera de serie en la Facultad, además de su compromiso militante con la causa de Perón, era un tipo muy inteligente que llevaba su carrera al día y rendía las materias siempre con buenas notas”. Abasto cayó en combate en Rosario, en el bar de Ituzaingo y San Martín, el 25 de junio de 1976, al resistir su secuestro. Junto con él corre la misma suerte Ernesto Luis “Tito” Duarte. Fernando Claudio Abasto estaba de novio con Susanita Trossero, también secuestrada-desaparecida.”

 Hugo Gastaldo

Hugo Gastaldo

Su hermana Beatriz a quien agradecemos su predisposición para contarnos su historia, aunque se le haga muy difícil recordarlo, nos relata lo siguiente: Nació el 23 de abril de 1954, hijo de una familia de trabajadores, su padre tuvo camiones. Terminó la secundaria en el Colegio Nacional que funcionaba donde actualmente se encuentra el Jardín Nº 118. Iba al club Libertad, a la pileta, jugaba al básquet, según cuenta Beatriz era malo, lo ponían los últimos 5 minutos y también practicaba natación, pero los deportes no eran su fuerte.

Tenía dos apodos, “Archi” por un cómics de la época donde su personaje central así se llamaba y también como una broma ya que decían archi bueno, archi esto, archi lo otro, como hoy usamos el super o el “re”. Y del archi, le agregaron el duque o archiduque. Los chicos del colegio lo conocían por “Archi” y en Rosario como “Duque”.

Provenía de una familia que no estaba comprometida políticamente. A los 18 años se fue a estudiar a Rosario la carrera de Ingeniería Civil en la UNR, pero como era muy familiero, siempre que volvía a Sunchales visitaba a su familia, a su tía, su abuela. A todos los sorprendió su militancia.

En la época de la dictadura se empezaron a enterar a través de su pareja de aquel momento que él estaba militando en una Organización, la CURS (Corriente Universitaria Revolucionaria Socialista), movimiento que luego integró el Partido Obrero, en un contexto donde habían cerrado los comedores universitarios por lo que la gente de la Universidad peleaba por su apertura. En agosto de 1976 él le dio a entender que tenía sus convicciones políticas, que iba a pelear por esas convicciones. Al mes siguiente vino a Sunchales por última vez, al llegar le dijo a su mamá que le envíe un regalo a Estela Cipolatti, su profesora de acordeón, aunque se recibió de profesor, Beatriz nos cuenta que fue para darle el gusto a su mamá. Recuerda que el domingo lo llevaron a Rafaela a tomar el Güemes y esa fue la última vez que lo vieron. Tiempo después se enteraron que estaba desaparecido y ahí empezó la búsqueda.

Viajaron su papá y su tío a quienes les decían que seguramente se había ido con alguna chica, luego volvieron Beatriz, su mamá y su papá y buscaron por dos semanas, hablaron con abogados, nadie se quería involucrar. Si no tenían poder e influencia no les daban información, era un NN. Recién cuando quedaban a disposición del Poder Ejecutivo, brindaban sus nombres, al resto, a los NN, los llamaban los “chupados”, con el tiempo supieron cómo era. Lo buscaron, no sabían más dónde ir, si no había una orden desde arriba no les daban datos. Al tiempo se enteraron que había fallecido (5 de Octubre de 1976). Beatriz, su papá y un amigo de su papá viajaron para recuperar el cuerpo. Tenía la cara destrozada por una bala. En medio del dolor por la pérdida, tuvieron un inconveniente ya que una persona de Santa Fe que estaba buscando a su hermano se llevó el cuerpo de Hugo por equivocación y estaba enterrado allá. Viajaron a Santa Fe y pudieron traerlo y enterrarlo en el cementerio local. Beatriz aclara que no saben con seguridad si era o no ya que nunca le realizaron un ADN. Recién pudieron abrir el cajón un año después, ya era un cadáver pero mucha gente decía que era él. Como era un momento muy difícil para toda la familia, decidieron cerrar esa parte de la historia.

Beatriz comenta que su hermano Hugo nunca tuvo conflictos, fue muy bueno, muy querido, con un carácter muy especial, por eso todo lo sucedido fue muy duro para su familia. Sus padres se separaron, su mamá de alguna forma no se lo perdonó, no llegó a entenderlo como un pensamiento de él, como una postura política. Beatriz se fue a vivir a Rosario como un escape en el año 1983. Al llegar allá hizo la denuncia, presentó el certificado de defunción pero nadie lo vio, nadie estuvo detenido con él y al tiempo cerraron el caso.

Al hablar con ella repite que son fechas difíciles, que no lo puede superar, actualmente tiene 65 años, tres hijos, una nieta y otro en camino. Nos brinda nombres de amigos y personas que lo conocieron y que nos pueden ayudar a conocer más de su historia, será material que tendremos en cuenta para futuras publicaciones.

Homenaje

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 En el año 2006 a 30 años del golpe militar, si rindió homenaje a los tres fallecidos ya que fueron alumnos de la Escuela Nº 445 “Carlos Steigleder” donde se colocaron tres baldosas con sus nombres.

En el año 2014 en el marco del acto cívico del 24 de marzo y dando cumplimiento a la Ordenanza 2375/14, la cual establecía la realización de tres intervenciones urbanas que los recuerden, descubrieron tres placas con sus nombres. Las baldosas recordatorias se colocaron en las viviendas que ocuparon:

 JUSTICIA… MEMORIA… VERDAD… se denominó el proyecto que se presentó para estas intervenciones y que encierra los tres valores que se conmemoran en esta fecha tan especial, tan dolorosa para muchos, tan repudiable y podemos seguir agregando muchos adjetivos más.

“Porque creemos que además de leer detalles de esa nefasta época, remitiéndonos a bibliografía nacional tenemos la obligación de conocer que no sólo ocurrió lejos y a desconocidos sino que por el contrario nos ocurrió aquí en lo que era una pequeña ciudad y eran personas que pudimos haber cruzado en cualquier sitio, practicaron deportes, fueron al colegio, vivieron a la vuelta de la esquina, tuvieron amigos que pueden también ser conocidos nuestros. Sunchales tiene memoria… Sunchales los puede tener presentes en su geografía cotidiana.”

Con esta transcripción finalizamos este artículo que tiene como objetivo recordar, conmemorar y sobre todo que NUNCA MÁS vuelvan a ocurrir hechos de semejantes características en nuestro país. Dejamos abierto el debate pero sobre todo sería muy enriquecedor que quienes hayan conocido a Orlando, Fernando y Hugo dejen algún comentario sobre ellos para retroalimentarnos, seguir recordándolos y teniéndolos siempre PRESENTE".

Nota publicada el 24 de marzo de 2017

Autora: Rosana Lusso - Sitio digital Hijos del Pueblo

http://hijosdelpueblo.com.ar/nunca-mas-las-victimas-del-terror1ismo-de-estado-en-sunchales24/

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