EPE: preocupa la falta de inversiones en mantenimiento, equipos y personal

Provincia 03 de septiembre de 2020 Por Diario Castellanos de Rafaela
n lo que va del año no se concretaron los trabajos de mantenimiento necesarios ni las inversiones que hacen falta para renovar equipos. Con el doble de potencia entregada a los clientes, hay un cuarto menos de empleados que hace 20 años, porque están prácticamente congelados los ingresos. El aumento de la demanda, propio del verano y ocasionales fenómenos meteorológicos podrían provocar un colapso.
trabajadores EPE

Altamente preocupante es la actualidad de la Empresa Provincial de la Energía. Intervenida desde la asunción del actual Gobierno santafesino, a la larga transición entre el gobierno saliente y el entrante se le sumó la “revisión” de lo actuado y la posterior situación creada por la pandemia, como para que ya se acumule más de un año sin inversiones significativas que garanticen la calidad del servicio. Con el verano prácticamente “a la vista”, y con ello la posibilidad de que se produzcan picos de demanda; más la eventualidad de que se produzcan fenómenos meteorológicos que ocasionen daños a la infraestructura eléctrica, los alertas están pasando del amarillo al naranja y pronto se pondrán rojos, si no aparecen respuestas y decisiones importantes.

Para tener una idea de la magnitud de la tarea que debe afrontar la distribuidora santafesina de electricidad vale mencionar que la sucursal Rafaela tiene nada menos que 1.545 kilómetros de líneas aéreas de baja tensión y otros 3.214 kilómetros de líneas áreas de media tensión, cuyo mantenimiento no sólo depende de la solidez de las columnas que la sostienen, sino de que todo el sistema funcione de manera eficiente.

Hace algunas semanas atrás, en pleno centro de la ciudad hubo un movimiento intenso de bomberos, policías y GUR. La razón: se prendió fuego una línea aérea ubicada en Güemes y Bv. Santa Fe, frente a la sucusal del Banco Santander. Todo el microcentro se vio afectado por el apagón. Era un día de sol, con temperatura agradable y ningún evento meteorológico apreciable: simplemente se produjo un desperfecto técnico que puso en llamas al cableado.

Este tipo de incidentes se están repitiendo con cierta asiduidad y es un reflejo de la necesidad permanente de monitorear las líneas, atender los alertas sobre reemplazo de elementos que llegan al final de su vida útil y mantener el sistema de distribución en condiciones de soportar cualquier eventual aumento de la demanda.
Por otra parte, la demanda siempre va en aumento y la EPE debe, por obligación, ir por detrás de esa demanda de potencia exigida para garantizar la prestación del servicio. En el 2001, la empresa tenía 53 mil clientes en la sucursal Rafaela, tomando como referencia el territorio actual que ocupa (los límites de la sucursal cambiaron en estas últimas dos décadas). A finales del año pasado, la cantidad creció a 76 mil clientes, con lo que se dio un aumento del orden del 45% aproximadamente.

Sin embargo, en potencia demandada el incremento fue superior al 100%, ya que los megavatios distribuidos pasaron de 23 a 47. Esto es comprobable por cualquier vecino, incluso los más legos en esta materia: en 2001 la producción industrial se encontraba en sus pisos históricos y ni se soñaba con la recuperación y expansión que se logró en la década siguiente. En aquel año, además, las familias sobrevivían con lo justo al derrumbe de la Convertibilidad. A partir de 2004 comenzó una recuperación que llevó a un auténtico boom de consumo: hubo más actividad comercial, se construyeron en Rafaela miles de viviendas, creció la industria -según los censos industriales realizados en la ciudad, hay por lo menos 200 empresas industriales más que en aquella época- y fundamentalmente una gran parte de la población accedió a la posibilidad de climatizar sus hogares, instalando acondicionadores de aire; y a mejorar su equipamiento incorporando cantidad de artículos electrónicos para uso familiar.

La consecuencia de todos estos procesos fue ese aumento sustancial en la potencia demandada. Este concepto implica que la EPE, como distribuidora de la energía en la ciudad y la Provincia, debe tener una infraestructura preparada para atender los picos de demanda que se registren. Y esos picos llegan cuando hay actividad económica plena y cuando se registran temperaturas extremas, tanto bajas como altas, pero principalmente estas últimas. Una ola de calor en diciembre, por ejemplo, coloca al sistema en el límite de su capacidad operativa.

Falta de personal
A diferencia de lo que ocurre con los prestadores de Buenos Aires, donde la distribución de la energía está concentrada en un área geográfica acotada y con alta densidad poblacional, la EPE tiene que atender una demanda extendida a lo largo de una provincia que tiene 700 kilómetros desde el Norte al Sur, y 150 kms. de ancho aproxidamente. Si se corta una línea de media o alta tensión en el medio del departamento San Cristóbal, hay que recorrer la línea, ubicar la falla y mandar las cuadrillas necesarias para la reposición. Eso implica una logística que requiere personal, móviles, y tecnología para responder lo más rápidamente posible a la emergencia.

Sólo en la ciudad de Rafaela hay casi 350 subestaciones transformadoras que necesitan revisiones periódicas, mantenimiento permanente y guardias que acudan ante cualquier desperfecto. “Salió de servicio un distribuidor”, suelen informar los representantes de la empresa cuando el periodismo consulta ante un apagón. Ese simple diagnóstico requiere ubicar el lugar de la falla, aislar el sector para permitir el trabajo seguro de las cuadrillas, reprogramar la configuración de las cargas y reemplazar el equipo dañado. Y mientras tanto las centrales telefónicas se saturan con la demanda de los clientes.

¿Cuál es la situación del personal? En el caso de Rafaela, la sucursal tenía en activo a 347 agentes en 2001. Casi 20 años después, con el doble de potencia entregada y un 45% más de clientes, tiene 280 agentes. Cierto que la tecnología y sus aplicaciones permitieron soluciones que demandan menos personal, pero hay trabajos que no pueden concretarse de manera remota: la reposición de líneas, estaciones transformadoras y el mantenimiento general, así como las guardias, no pueden hacerse “por teléfono” ni por control remoto.

¿Y si viene tormenta?
Además de las tormentas políticas, con decisiones que son al menos cuestionables, también el clima juega su parte. En la EPE Rafaela en estos días todos cruzan los dedos para que no haya un evento ni cercanamente parecido a aquellas tormentas de febrero de 2016 y de enero de 2017, que provocaron una verdadera catástrofe en las líneas aéreas y en la infraestructura de la EPE.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que en todos los veranos hay alguna tormenta, de mayor o menor magnitud. Con ingresos de personal congelados durante el último año, la reposición de recursos humanos quedó completamente relegada respecto al personal que se acogió a los beneficios de la jubilación, o que por razones de integrar grupos de riesgo en la pandemia no están trabajando.

A este panorama se sucede la prolongación de la intervención, que dejó fuera de juego al directorio de la empresa. Así, con la conducción de la empresa en manos del interventor Mauricio Caussi y de su grupo de colaboradores, la información sobre la evolución de los flujos de inversiones, la deuda de la empresa, su relación con el proveedor mayorista (CAMMESA) y la evolución técnica de la EPE es una materia desconocida. Y los riesgos no hacen más que aumentar.

Mientras tanto, los días corren, la pandemia entra en su etapa de peor momento por la ola de contagios y la EPE parece marchar hacia su destino con la velocidad del Titanic.

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