Economía Chequeado.com 24 de abril de 2023

¿Qué implica dolarizar la economía y qué diferencia existe con el 1 a 1?

En las últimas semanas se profundizó el debate acerca de la posibilidad de dolarizar la economía argentina, a partir de una propuesta del precandidato presidencial y diputado nacional de La Libertad Avanza, Javier Milei. En esta nota te contamos qué significaría la dolarización de la economía argentina, cuáles son las implicancias de tomar esta medida y qué diferencias existen con el régimen de convertibilidad que funcionó en el país en la década del ‘90.

La Argentina es una economía bimonetaria

Como se explica en esta nota, una moneda tiene 3 funciones: ser un medio de cambio (para adquirir por bienes y servicios); ser una unidad de cuenta (como referencia del valor de bienes y servicios); y ser una reserva de valor (un medio para acumular ahorros). 

Pero, en contextos de incertidumbre macroeconómica, no siempre la moneda nacional es la elegida para cumplir todas estas funciones, y es reemplazada por una divisa extranjera, mayormente el dólar estadounidense. A este fenómeno se lo denomina “economía bimonetaria”.

Al respecto, el economista Ricardo Delgado, titular de la consultora Analytica y subsecretario de Coordinación de Obra Pública Federal durante la gestión de Mauricio Macri (Cambiemos), indicó a Chequeado que en nuestro país “hoy el peso no es reserva de valor, y en algunos sectores en particular, como el inmobiliario, se cotiza y paga en dólares”, por lo que tampoco funciona en esos casos como unidad de cuenta. 

En este sentido, un trabajo de la Fundación Fundar firmado por los economistas Emiliano Libman, Juan Martín Ianni y Guido Zack menciona este fenómeno como una “dolarización de facto”, y lo define como la decisión de los actores económicos de utilizar divisas para reemplazar a la moneda local en algunas de las 3 funciones reseñadas más arriba, pero no en todas (por esto, hablan de una denominada “dolarización parcial”). 

Pero, entonces, ¿qué significa dolarizar la economía?

En la misma línea, el informe de Fundar contrapone la dolarización de facto con la dolarización total o de jure, cuando la moneda extranjera reemplaza a la local en todas sus funciones “por una decisión deliberada de política económica”. A esto apuntan los principales proyectos de dolarización que se discuten actualmente. 

Al respecto, Delgado sostuvo que “la dolarización de jure es básicamente eliminar el peso como moneda de curso legal y reemplazarla por el dólar”. 

Por su parte, el economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), Juan Luis Bour, dijo a este medio que “dolarizar implica que circulan básicamente dólares: los pesos de alta denominación desaparecen, y quizás quedan monedas, como ocurre en Panamá [N. de la R: donde el dólar es una moneda de curso legal, pero en menor medida también circula el Balboa, una moneda local]”. 

¿Qué diferencias hay entre la dolarización y la convertibilidad?

Consultado por Chequeado respecto de las diferencias entre la convertibilidad y la dolarización, Delgado indicó que “con la convertibilidad se respaldaba el peso con la misma cantidad de dólares en las reservas del Banco Central”. Es decir, que en este sistema el peso sigue existiendo y funciona como moneda de curso legal.

En la Argentina, la convertibilidad rigió a partir del 1° de abril de 1991 en un contexto de hiperinflación (en marzo de 1990 el aumento de precios había sido superior a 20.000% interanual). Fue impulsada por el gobierno de Carlos Menem (Partido Justicialista), quien asumió con 5 meses de anticipación debido a la renuncia de Raúl Alfonsín (Unión Cívica Radical).

Tras la aplicación del plan, la inflación se desaceleró hasta llegar al 0 a mediados de la década del ‘90. Pero el programa generó el deterioro del aparato productivo y el aumento de la desocupación y la pobreza, situaciones que culminaron con la crisis de diciembre de 2001 y provocaron la renuncia de Fernando de La Rúa (Alianza), sucesor de Menem en la Presidencia. 

Delgado indicó que “el respaldo era 1 a 1 porque la paridad dio ese nivel: se trataba de 10.000 australes que después se convirtieron en un peso, y este a su vez era convertible a 1 dólar”. Pero aclaró que “convertibilidad no es necesariamente 1 a 1, se puede fijar otro tipo de paridad, pero lo importante es que esa paridad sea fija”. 

En cambio, en un régimen dolarizado, la divisa estadounidense sería la única moneda de curso legal, y todos los contratos deberían celebrarse de esa forma.

¿Cómo se podría realizar una dolarización en la economía argentina?

Sobre el proceso de dolarización, Delgado aseguró a Chequeado que “la operación en sí y la transición de un sistema a otro es muy compleja, pero básicamente lo que hay que tener en cuenta es cuál es tu caja real en dólares y cuántos pesos se necesitan canjear”. 

En este punto, un informe de la consultora 1816 -dirigida por Adrián Rozanski, Martín Defilippo y Leandro y Mariano Skladnik-, señaló que para aplicar un proceso de dolarización en el país debería considerarse el reemplazo de toda la base monetaria actual (es decir, el dinero en circulación y los depósitos) y los pasivos del Banco Central, principalmente las Leliqs y los pases. 

El trabajo calcula que esto representa una masa de $ 17,9 billones, y considera que si se tienen en cuenta las actuales reservas netas -calculadas en US$ 1.800 millones- se necesitarían casi US$ 45.000 millones (un volúmen similar al préstamo que el FMI le otorgó al gobierno de Cambiemos en 2018) para dolarizar la economía con una referencia de $ 400 por cada dólar, el valor del dólar contado con liquidación al momento en el que se publicó el análisis. 

En cambio, si se dependiera sólo de las reservas netas disponibles en la actualidad, el tipo de cambio de conversión (es decir, la cantidad de dólares que cada argentino recibiría por sus pesos al momento de producirse la dolarización) sería de $ 10 mil por cada dólar. Es decir que -según esta estimación- si una persona cuenta con un ahorro de $ 1 millón, recibiría a cambio US$ 100. 

Por su parte, el estudio de Fundar estima (sobre la base de un cálculo de reservas netas diferente -US$ 2.300 millones-) que para “rescatar” todos los pasivos del BCRA el tipo de cambio de conversión sería de poco más de $ 7 mil por dólar. En este caso, un sueldo de $ 200 mil equivaldría a US$ 28,5.

Qué dicen los proyectos de dolarización actuales

Uno de los principales impulsores de la dolarización en la Argentina es el diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires y precandidato presidencial Javier Milei (La Libertad Avanza). 

Milei aseguró que “es absolutamente factible dolarizar” y que ello no implicaría una “mega devaluación” como advierten los informes arriba citados. 

El diputado nacional explicó que su propuesta contemplaría la venta de los activos del Banco Central (mayormente bonos del Tesoro nacional) a instituciones financieras internacionales (es decir, se transformaría una deuda intraestado en deuda externa privada) para obtener los dólares necesarios para dolarizar a un valor que, en junio último, calculó en $ 320 (en línea con la cotización del dólar blue de entonces). 

En la misma sintonía, los economistas Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky también proponen avanzar hacia una dolarización de jure en el país. Ocampo indicó, en declaraciones al programa “Y Ahora Quién Podrá Ayudarnos” -que se emite por Radio Con Vos-, que “las reservas netas no son el único activo del Banco Central; también tiene títulos de deuda del Gobierno, que en su valor nominal son US$ 70 mil millones”. 

Como Milei, el economista propone cambiar esos títulos de deuda por bonos internacionales, y de ese modo obtener las divisas para lograr un tipo de conversión en torno a los $ 400 por dólar, según sus estimaciones. 

No obstante, el trabajo de la consultora 1816 sostiene que esto “requeriría un nivel de confianza del mundo que es casi imposible para 2024”. Y advierte que, descartado este camino, “para dolarizar se necesitaría un préstamo enorme” o “una licuación masiva previa y/o un default de pesos [N. de la R.: es decir, que el Gobierno deje de pagar la deuda en esa moneda]”. 

En tanto, en el Congreso de la Nación existe un proyecto que promueve la dolarización, presentado por el diputado Alejandro Cacace (Evolución Radical). La iniciativa, presentada en marzo de 2022, promueve la conversión de la base monetaria y los pasivos del BCRA a cambio de las reservas internacionales. 

Por su parte, Fundar señala en su trabajo que, más allá de los diferentes escenarios económicos, dolarizar implicaría varios riesgos para el país, entre los que menciona la pérdida de la política cambiaria (es decir, la posibilidad de regular el tipo de cambio para morigerar los efectos de crisis externas sobre nuestra economía), la incapacidad de emitir moneda (y con ello, la imposibilidad para implementar la política monetaria y fiscal) y la dependencia a la política monetaria de los Estados Unidos (dado que es la Reserva Federal la que regula el costo de los dólares y la política de tasas). 

Los antecedentes en otros países

De acuerdo con los datos del FMI, sólo 14 de 190 países miembros del organismo adoptaron de manera oficial el dólar. De ese total, 3 son de América Latina: Ecuador, Panamá y El Salvador. 

El informe de Fundar explica que Panamá (que lo hizo en 1904) y El Salvador (2001) contaban con mejores condiciones para aplicar la dolarización, como por ejemplo “los elevados grados de integración de los mercados de trabajo y de capitales con los de Estados Unidos”. 

En tanto, en Ecuador se optó por la dolarización en el año 2000, en un contexto de crisis: su moneda -El Sucre- había sufrido una devaluación del 400% y mantenía un alto déficit fiscal y una fuerte inflación. 

En los primeros meses del nuevo programa se produjo un congelamiento de los depósitos en dólares, dada la falta de liquidez (es decir, la poca disponibilidad de billetes de dólar), un aumento de la inflación en dólares (a raíz de la inercia provocada por el régimen anterior y la quita de subsidios a los servicios públicos) y un ajuste fiscal. 

Finalmente, el Gobierno ecuatoriano logró estabilizar la situación, con una ayuda externa: el incremento en el precio de los combustibles y la caída de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos, fue lo que ayudó a devolverle liquidez a la economía. 

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