Irracionalidad, apuesta por el pasado y disposición destructiva, tres datos sobre el cambio de gabinete nacional

Política 20 de septiembre de 2021 Por Roberto Gargarella - elDiarioAR
La dinámica que se ha desatado, de enfrentamientos dentro del círculo estrecho del poder, se distingue por la irracionalidad que la mueve, las opciones fallidas que sistemáticamente escoge, y los costos trágicos que está dispuesta a hacernos pagar para afirmarse.
Fernandez - Cristina

En lo personal, seguí los cambios en el gabinete del Gobierno con angustia y espanto, pero la cuestión que interesa no es lo que alguien -como uno- sienta al respecto, sino lo que esos cambios pueden representar en esta época. Y sobre ello sí me interesaría decir algo: sobre los datos estructurales o más permanentes que revelan estas acciones espasmódicas y de coyuntura. Ante todo, mencionaré tres datos, vinculados entre sí, y que lo recién ocurrido revelarían o reafirmarían: la irracionalidad en el gobierno; la apuesta por revivir el pasado; y la disposición destructiva o suicida de la ex Presidenta y su círculo más estrecho (en particular, digamos por ahora, La Cámpora). 

Sobre lo primero, la irracionalidad. Contra el (ya insostenible) mito de la infalibilidad, destreza o lucidez estratégica de la vicepresidenta, lo que se vuelve a reconocer es el nivel de irracionalidad asombrosa que expresan sus decisiones más importantes -una irracionalidad que se verifica en la llamativa cantidad de derrotas sufridas por ella o sus “elegidos,” en las urnas, desde el 2007. La última y notable muestra de esa irracionalidad está en la respuesta política propuesta para responder a la derrota reciente: recurrir a los socialmente defenestrados Aníbal Fernández, Juan Manzur o Daniel Filmus -dirigentes hoy repudiados, por lo demás, aún por los movimientos propios “pro-derechos” (el feminismo gubernamental, los movimientos sociales aliados, etc.). Aquí es donde el rumbo ocasionalmente escogido toca una fibra estructural, y muestra el insólito -nunca antes visto- nivel de desconexión que existe entre dirigencia y ciudadanía (ello así, en parte, gracias a un sistema institucional derruido; y una profunda, injusta y desconocida desigualdad, que lo permea todo).

Sobre lo segundo, la apuesta por el pasado. El recurso a funcionarios “viejos” -miembros del “núcleo duro” del pasado kirchnerista- ofrece otra constante en el pensamiento de la ex Presidenta, y La Cámpora que la secunda: la apelación a lo antiguo, a lo que tal vez sirvió décadas atrás. Es el tipo de irracional atraso que ofreció en su momento el “morenismo económico”, durante el gobierno de la ex Presidenta, esto es, tratar de enderezar la economía volviendo al 45, buscando re-encauzar las variables económicas dentro de una historia (de la postguerra) ya envanecida hace décadas, y hacerlo -contra la naturaleza y el tiempo- a los martillazos, o con una pistola sobre el escritorio. Ese estilo de reacción-reflejo que busca responder a problemas de hoy con soluciones de hace más de medio siglo (soluciones que, por tanto, inevitablemente fracasan) es sintomática. Sintomática de un país cuyo sistema educativo se estancó o murió, y que se expresa también, en estos tiempos -triste y lánguidamente- a través de un funcionariado de formación universitaria (Kicillof, Frederic) que muestra niveles de desactualización y torpeza que sorprenden.

Sobre lo tercero, la vocación destructiva o suicida de la ex Presidenta y su círculo. La “carta” de la actual vice al país, o -mucho mejor- los audios de Fernanda Vallejos, expresan de un modo espectacular algunos rasgos temibles, y permanentes, propios de este núcleo dirigencial en este tiempo. Se trata de expresiones de un radicalismo suicida, que en pos del propio interés (pongamos: reasumir al poder sin intermediaciones molestas) se muestra dispuesto a que todo estalle. Nada importa: “por mí, que se vaya el gobierno al…”, como expresó con brutal claridad Vallejos. La idea que ambas manifestaciones expresan es la de la vuelta al poder (córranse, así volvemos nosotros, porque ustedes son “inquilinos” “atornillados” en el poder), a cualquier costo -el estallido, el colapso que arrase con todo y con quien se interponga en el medio. Este rasgo autodestructivo es, sin dudas, el más preocupante de entre los rasgos que hoy deja entrever la política, porque se trata del suicidio de quienes pilotean la nave común -talibanes de la Argentina hundida. 

En este punto, otra vez, cuando removemos la hojarasca de las bravuconadas altisonantes, nos encontramos con una serie de promesas, sobre lo que viene, que dan miedo. Y es que la dinámica que se ha desatado, de enfrentamientos dentro del círculo estrecho del poder, se distingue -como dijera- por la irracionalidad que la mueve, las opciones fallidas que sistemáticamente escoge, y los costos trágicos que está dispuesta a hacernos pagar para afirmarse. La dinámica desatada augura tiempos trágicos sobre todos nosotros, porque se muestra insaciable -nada la conforma- y extrema -nada, dentro del círculo que decide, la contiene. Sus protagonistas sufrirán nuevas derrotas políticas en el corto plazo -de ello quedan pocas dudas- pero lo trágico es el camino, y allí, caminando, estamos todos, agobiados y golpeados.

Roberto Gargarella

Roberto Gargarella es un abogado, jurista, sociólogo, escritor y académico argentino especialista en derechos humanos, democracia, filosofía política, derecho constitucional e igualdad y desarrollo. Actualmente es profesor en la Universidad Torcuato Di Tella y en la Universidad de Buenos Aires.

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