Barrio Cooperativo: el fútbol como un espacio de inclusión

Fútbol 26 de marzo de 2018 Por
No abundan los recursos, pero sobra la voluntad. En el Barrio Cooperativo, entre profes aficionados y colaboradores de espíritu solidario, se las arreglan para que, tres veces por semana, alrededor de 30 niños y niñas tengan un espacio para jugar, merendar y aprender a ser compañeros. Así es la escuelita de fútbol del barrio, que ya lleva dos años de actividad.
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Foto: Leandro Gómez.

La escuelita de fútbol del Barrio Cooperativo es un lugar en el que confluyen los esfuerzos y las buenas intenciones de varios vecinos y colaboradores, que hace ya un par de años se pusieron como objetivo conformar un espacio de contención social, en el que los chicos puedan disfrutar y compartir sus tardes mientras juegan a la pelota.

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Foto: Leandro Gómez.


Las metas deportivas, por consiguiente, quedan desplazadas, y el logro que más se disfruta es participar en algún torneo durante el año. Así lo cuenta Sebastián González, coordinador de la escuelita, mientras observa la práctica que se desarrolla en dos canchas improvisadas, sobre un terreno irregular, y en las que un par de conos se convierten en arcos. “Algo va a salir de acá, lo importante es que los chicos no estén en la calle”, dice Sebastián, y agrega que “cuando salen de la escuela, vienen acá. Después, en su casa, se dan un baño, hacen las tareas, y ya los agotas un poco”.

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Foto: Leandro Gómez.


Las prácticas tuvieron que ir adaptándose a las circunstancias, y las actuales no son las óptimas. De hecho, las comodidades de las instalaciones han disminuido con respecto a años anteriores, pero gracias a algunas donaciones recibidas, la escuelita sigue en pie.

Por razones que escapan de las manos de la comisión vecinal, las prácticas debieron mudarse de lugar tres veces en los últimos dos años. Pero pronto esperan contar un nuevo predio. “La obra nueva se empezó en octubre, y la empresa tiene un año para hacerla. Pero parece que la van a terminar antes”, dicen, entusiasmados, Julio Perulero, integrante de la comisión vecinal, y Sebastián Delfino, quien hace años colabora con el barrio. Entre tanto, cocinan la leche y acomodan los tablones para la merienda que servirán a los chicos después de practicar.

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Marcelo Botto y Sebastián Delfino preparan la merienda. Foto: Leandro Gómez.


Nosotros hacemos un trabajo inclusivo, se trata de no discriminar a nadie. Así el chico sea rengo, va a jugar igual”, remarcan ambos. Además, cuentan que “también vienen chicos de otros barrios, y no les vamos a decir ‘no tomes la leche porque no sos de acá’. No podes hacerle eso a un chico, nuestra idea es darles un servicio”.

Marcelo Botto, delegado del barrio, luego de ir y venir acarreando bidones de agua en su moto, se acopla a la charla. Con un tono que denota orgullo, cuenta que en 2017, y por primera vez, la escuelita de fútbol del barrio participó en La Fiesta Nacional del Fútbol Infantil y también en el Tigrecito, con dos categorías de equipos mixtos. “Para ellos es una gran cosa. Para el que practica en un barrio y nunca jugó en un club, es muy importante”, afirma, y destaca que se vieron exentos del pago de la inscripción para ambos torneos. Para devolver la ayuda recibida para poder participar de la competencia que organiza el Club Libertad, chicos y profesores de la escuelita plantaron árboles en el barrio.

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Foto: Leandro Gómez.


Así es como se vive el fútbol en el Cooperativo. Sorteando obstáculos, enmendando errores, y gracias a la ayuda que llega de manera desinteresada, lunes, miércoles y viernes un grupo de chicos y chicas, de entre 4 y 10 años, se divierten con una pelota en la placita del barrio.

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