"Muy gorda, vieja, fea...": pará con la autocrítica y reconciliate con tu imagen

Mujer 29/08/2014
La falta de tiempo que generan la familia, los hijos, el trabajo y demás también es una realidad construida en favor del descuido. Por un lado me siento mal conmigo misma y por otro, me siento sin tiempo y sin creatividad para salir de esa sensación. Hacé algo vos: arrancá hoy. Una especialista nos ayuda a pensar sobre el tema.

La imagen que tenés de vos misma es una construcción muy particular y personal que tiene que ver con muchas cosas.

Cuando somos chicas depositamos mucho de nuestra autoestima en el cuerpo. Además, el cuerpo es tomado como determinante del nivel de seguridad a partir de la cual nos relacionamos con los demás. El espejo es un aliado si devuelve una imagen de belleza que sea funcional a mis necesidades y, por el contrario, es un enemigo si frustra.

A medida que vamos creciendo, los logros atesorados con el tiempo contribuyen a relativizar el peso del cuerpo en sí mismo, en la construcción personal. Es así que la imagen en el espejo puede no ser la mejor esperable pero, aún así, la sensación de satisfacción la acompañará.

El tiempo pasa y el cuerpo por sí sólo sigue quedando en un segundo lugar frente al desarrollo personal. Cumplir con las expectativas en cada etapa del ciclo vital cubre las necesidades de autoestima mínimas esperables para sentirte conforme. Pero... ¡Cuidado! El precio del crecimiento a veces contiene la dejadez y el abandono del cuidado personal más básico e indispensable que era excluyente en la primera juventud.

Cuidar la figura, mimarse y amarse a sí misma será en la etapa adulta un desafío a la omnipotencia. El "yo puedo todo" es una manifestación negativa del narcicismo. La falta de tiempo que generan la familia, los hijos, el trabajo y demás también es una realidad construida en favor del descuido. Por un lado me siento mal conmigo misma y por otro, me siento sin tiempo y sin creatividad para salir de esa sensación.

La realidad es que "como alguna vez giré alrededor de mí misma, ahora giro alrededor de las obligaciones y los afectos". Cualquiera de las dos posiciones es, cuanto menos, excesiva.

Ni una ni otra. Es "yo" aquí y ahora.

El tiempo transcurrido es tiempo vivido. Aprendizaje y enriquecimiento que nutre la mente y el espíritu. Es posible que me haya llegado el turno para pretenderlo todo. Es posible que me merezca el goce de mi cuidado y la responsabilidad de la madurez.

Es necesario que le oponga claridad a mi confusión. No soy la que fui, pero tengo con qué empezar a ser la que quiero y puedo, hoy.

Con piedad, con respeto y con cuidado. Salir del lugar común. De la infantil disconformidad a la adulta posibilidad.

Es el momento de cambiar para disfrutar. De atenderme. De escucharme más las ideas y menos las quejas. La autoexigencia severa no es más que la garantía firmada de la frustración. Una trampa teñida de búsqueda de excelencia. Inconducente, paralizante.

Para subir de nivel no tengo que verme mejor, tengo que sentirme mejor. Eso no me lo dará la juventud, ni la belleza ni la delgadez. Me lo dará el amor con que me trate mientras busco la mejor versión de mí, para transitar el resto mi vida.

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