El “progreso en reversa”: aceptar y amar esos “kilitos” de más

Mujer 23/06/2014
La obsesión por el cuerpo perfecto suele generar solo infelicidad en aquellos que se obsesionan por lograrlo. El proceso para aceptarse uno mismo suele ser largo y duro, pero se puede lograr. Dos casos de vida que lo ejemplifican y demuestran que todo es posible.

Todos los días se ven en la Web cientos de mujeres que postean sus fotos del antes y después de sus looks. Algunas demuestran que la perseverancia lo es todo y que con esfuerzo y dedicación se puede llegar a cumplir las metas propuestas.

Otras, las más llamativas, suelen ser drásticos cambios de peso de personas que no se sienten cómodas con sus siluetas y se sumergen en estrictas dietas o agotadores ejercicios físicos para lograr los cuerpos que siempre soñaron. Estas son los que suelen convertirse en “obsesivos”, que dejan de lado todo lo bueno de su vida solo por tener el mejor cuerpo.

Pero, cuando muchas llegan a su cometido, se dan cuenta que no son felices tampoco con kilos de menos o músculos más torneados, ya que lo que no les gusta es su propia imagen, la que ven en el espejo todos los días, y la depresión se vuelve a sentir, a pesar de tener looks increíbles casi de deportistas de alto rango o supermodelos.

Cuando la competencia es con uno mismo

Taryn Brumfitt, es una mamá australiana, que luchó con problemas de imagen corporal durante la mayor parte de su vida. Después de tener tres hijos, ella se obsesionó con volver su cuerpo a la forma que tenía antes de su primer embarazo. Es por eso que entró en el mundo del físico culturismo y luchó muy duro para lograr su cometido.
 
Pero a pesar de adelgazar varios kilos y modelar todo su cuerpo, todavía odiaba la forma en que estaba. "Yo tenía el cuerpo perfecto, o lo suficientemente cerca, pero igualmente me sentía muy mal en mi interior. No me gustaba nada."

Fue cuando se dio cuenta que tenía que hacer la difícil tarea de aprender a amar su cuerpo, sin importa que. Por lo que decidió que dejaría las dietas estrictas y la obsesión por el gimnasio, y solo haría los ejercicios que le divertían. Comería la misma comida que el resto de su familia y se focalizaría en ser feliz con todas las cosas buenas que ya tenía.

Ella lo llamó el “progreso en reversa”, porque así como una vez pasó de ser “rellenita” a competir con su físico, volvió a mostrar y aceptar su cuerpo con algunos kilos de más, y algo de celulitis y estrías. Para lograr su plan ideó el “Body Image Movement” (que podría traducirse como: Movimiento de la imagen del cuerpo), que tiene como objetivo alertar a las mujeres y niñas sobre los mensajes negativos que cada una se dice a sí misma y a otros acerca de sus cuerpos. Y demostrar que la verdadera felicidad no se encuentra en un talle menos de ropa o en un abdominal marcado.

Su propia motivación fue su pequeña hija, por quien se dio cuenta que debía cambiar para darle el ejemplo de cómo un cuerpo y una mente sanos deberían ser y no brindarle una imagen negativa de lo que era su propia obsesión. Así es que, a través de su sitio web y de charlas que brinda en escuelas secundarias y universidades, intenta incentivar a las jóvenes a que amen sus siluetas sin importar como sean y acepten que la felicidad pasa por otra parte.
Menos gimnasio, más felicidad

Otro es el ejemplo de Neghar Fonooni, una fanática de los ejercicios aeróbicos que vive en Santa Mónica, California, Estados Unidos. Ella tiene un blog llamado “Eat, lift, and be happy” (algo así como: come, hacé ejercicios y se feliz) donde suele mostrar fotos de sus entrenamientos en el gimnasio.

Pero hace poco su forma de pensar cambió y su cuerpo ganó algo de peso cuando decidió priorizar ser mejor madre y esposa. Es así que ella también denomina su proceso un “progreso en reversa” y muestra que tampoco es perfecta.

Ella misma lo explica con su foto del antes y después que compara su cuerpo en 2009 y en 2014. Sus palabras para expresar sus sentimientos ante la primera imagen determinan que se sentía triste, que estaba en una relación abusiva y que tenía un alto grado de falta de confianza sobre sí misma. Tenía un cuerpo increíble y repleto de músculos eso sí, pero se sentía súper infeliz.

Para la siguiente instantánea ella describe que solo entrena de 15 a 30 minutos por día, en lugar de dos horas como hacía antes, no hace tanto hincapié en las comidas, y que ahora se permite tomar tanto vino tinto como se le antoja. Su decisión de centrarse menos en esculpir su cuerpo y contar las calorías, y más en su bienestar y felicidad, era lo más sano que podía hacer.

“Estoy compartiendo esto con ustedes porque quiero que vean que los profesionales del fitness no somos perfectos. A veces estoy más delgada y otras veces tengo unos kilitos de más. La fluctuación es normal. Me tomó años para estar bien con eso, y aceptar mi cuero tal y como es, kilos arriba o abajo. Hoy soy más feliz y elijo sentirme orgullosa de mi cuerpo tal como es”, escribió junto a la foto.


En la búsqueda de esta “aceptación” por el propio cuerpo es donde se encuentran miles de seres humanos. Lo perfecto es algo que no se logra nunca, porque no existe: si le sobra de acá, le falta de allá, y viceversa. Y aceptarlo suele ser un proceso de años y de mucho trabajo. Pero, tal como estos, hay muchos ejemplos de que es algo que se puede lograr y que les permitirá aceptar y amar sus siluetas tal como son. 

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