Parkinson: algo más que un trastorno de movimiento

Salud 23/04/2014
En 1997 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 11 de abril el Día Mundial del Parkinson en coincidencia con el aniversario del nacimiento de James Parkinson, neurólogo británico quien en 1817 describió la "Parálisis Agitante", conocida actualmente como Enfermedad de Parkinson (EP). Desde entonces, el conocimiento sobre esta patología ha crecido enormemente. Hoy en día se reconoce que además de los síntomas motores como rigidez, lentitud en los movimientos y temblor, las personas afectadas pueden presentar manifestaciones denominadas no motoras. En nuestro país, si bien no existe un registro oficial, se estima que unas 70 mil personas la padecen.

Sobre las manifestaciones no vinculadas al movimiento, la doctora Emilia Gatto, Jefa del Departamento de Enfermedades de Parkinson y Trastornos del Movimiento de INEBA explicó que “pueden evidenciarse como alteraciones en el sueño, humor, olfato, cognición, el tracto digestivo y urinario, entre otras, y podrían presentarse incluso muchos años antes de la aparición de los síntomas motores, que aún continúan siendo los de mayor relevancia al momento del diagnóstico”.

El avance en la investigación genética permitió identificar variantes de lo que hoy denominamos EP,  muchas de ellas con características particulares en relación a algunos síntomas, como la edad de inicio, el patrón de herencia y la velocidad de progresión de la enfermedad. Asimismo, bajo el nombre de Enfermedad de Parkinson también se incluyeron otras afectaciones de la esfera cognitiva.

Toda la información de la que actualmente se dispone, plantea la necesidad de redefinir qué se considera como EP y diferenciarla de otros cuadros como los parkinsonismos, que designan a enfermedades que inicialmente tienen síntomas similares, pero que revisten una respuesta al tratamiento y evolución diferentes. Un primer desafío al que se enfrentan los especialistas es poder identificar un marcador de la enfermedad que permita con certeza y seguridad diagnosticarla.

En la actualidad se están investigando muchos potenciales marcadores que incluyen parámetros biológicos (en sangre, líquido cefalorraquídeo, saliva), marcadores en muestras de tejidos y marcadores por imágenes como resonancias o tomografía por emisión de positrones-PET.

“Es fundamental considerar no solo los aspectos genéticos sino también aquellos aspectos ambientales que puedan influir en el desarrollo de la EP. Por ejemplo, se conoce que el consumo de café reduce el riesgo de desarrollar EP; se menciona también que el consumo de té verde en poblaciones orientales tendría el mismo efecto”, agregó la doctora Gatto. La actividad física, incluyendo entre otras actividades la práctica del tango y el tai-chi, contribuye a mejor la calidad de vida de los pacientes con EP.

Novedades terapéuticas

La multiplicidad de síntomas y áreas involucradas requerirían tratamientos farmacológicos no limitados a la restitución de dopamina. En este aspecto, nuevos abordajes terapéuticos están siendo evaluados. Esto incluye acciones sobre otros neurotransmisores como la adenosina, el glutamato y la acetilcolina. Otras estrategias, como la estimulación cerebral profunda, ya demostraron ser útiles para paliar los síntomas de la EP.

La terapia génica es un nuevo y prometedor aporte en el tratamiento de la EP, en efecto recientemente se han publicado datos que demuestran que la incorporación de genes que puedan favorecer la formación de dopamina podrían ser seguros y bien tolerados en pacientes en estados avanzados.

Finalmente el implante celular continúa siendo una alternativa a investigar, encontrándose hoy en etapa preliminar. En los últimos años, gracias la posibilidad de desarrollar en el laboratorio células de la mayoría de los tejidos a partir de células derivadas de un individuo (células iPS) se espera que permita en un futuro comprender mejor los mecanismos involucrados en la EP, alumbrando nuevas posibilidades terapéuticas.

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