Un estudio afirma que el gas natural no ayuda a reducir el efecto invernadero

Ecología 16/10/2014
Una investigación publicada en 'Nature' indica que un modelo energético basado en el gas barato conseguido por fracking no reduce las emisiones de gases nocivos para la atmósfera y puede desincentivar la inversión en energías renovables

Un estudio de la Universidad de California y el Laboratorio Nacional de Energía del Pacífico Noroeste (PNNL, por sus siglas en inglés) sugiere que el uso del gas natural no contribuye a la reducción del efecto invernadero. Según el trabajo, si se sustituyera plenamente el carbón por gas natural, la emisión de CO2 podría oscilar entre una disminución del 2% y un aumento del 11% en 2050.

Además, para los autores de la investigación publicada en la revista Nature, otros gases desprendidos por la combustión del gas natural –como el metano, que contribuye al calentamiento de la atmósfera– pueden tener una vida más larga que la del CO2. Según explica a la agencia SINC Haewon McJeon, investigador en el PNNL y uno de los autores del estudio: “El gas natural, no solo desplazará a los demás combustibles fósiles, sino que, por su abundancia y los bajos costes de extracción, reducirá el incentivo para el ahorro de energía y para la inversión en energías renovables”.

Hasta ahora muchos autores defendían que el método de fracturación hidráulica (conocido como fracking) iba a permitir una descarbonización del sector energético. Esta técnica serviría así de puente hasta que, en un futuro, esté más desarrollado el sector de las energías renovables.

"El gas natural desplazará a los combustibles fósiles pero reducirá el incentivo para el ahorro y para la inversión en energías renovables" declara McJeon.
Sin embargo, el estudio muestra que en ausencia de nuevas políticas climáticas, “el aumento de suministro del gas natural puede tener poco efecto sobre las emisiones de CO2 y en realidad podría retrasar la descarbonización del sistema energético mundial”.

Los científicos evaluaron cinco modelos energéticos diferentes y sus implicaciones económicas y medioambientales. “Al incorporar el comportamiento económico y el uso de la energía, los resultados del estudio cambian respecto a los que solo tienen en cuenta la sustitución del carbón por el gas natural”, declara McJeon. “Evaluamos las posibles fugas de metano en la producción, transmisión y distribución de los cinco modelos –añade– y ninguno muestra una mejora con respecto a los indicadores del clima”.

Para los autores, el gas natural –obtenido de la fragmentación de rocas de esquisto subterráneas– puede constituir un apoyo a métodos de obtención de energía alternativos.

“Numerosos estudios muestran que el gas natural puede ayudar en la transición del actual sistema energético fósil hacia un futuro sistema energético bajo en carbono, pero esto requiere políticas climáticas de transición, y no puede prevalecer únicamente que esta energía sea más barata y abundante”, concluye McJeon.



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