CET Atilra: Un complejo made in Sunchales y la región

Educación 01/05/2014
Casi la totalidad de los proveedores y contratistas fueron de Sunchales, Rafaela y la zona. "Tener gente conocida y comprometida con el desarrollo de la edificación fue fundamental para cumplir con el exigente plazo de obra" afirmó el Arq. Mauro Riboldi, titular del Estudio de Arquitectura que tuvo a su cargo el Proyecto y la Dirección de Obra.
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Los arquitectos Mauro Riboldi, María Eugenia Sola y María Virginia Vicentini; y el ing. civil Eugenio Toldo, integrantes del Estudio que tuvo a su cargo el proyecto y la dirección de obra.

El Centro Educativo Tecnológico (CET) perteneciente a la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) marcará un hito en la historia vernácula. Destinado a transformarse en el mayor polo educativo de la región, la imponente infraestructura edilicia de 7500 metros cuadrados emplazada a la vera de la Ruta 34 cuenta con un Centro de estudios que alberga 24 aulas y un aula magna; un hotel con 14 habitaciones dobles y el majestuoso auditorio, una sala vanguardista adaptable a conferencias internacionales, teatro, líricas, musicales en general y cine 3D.
El Estudio de Arquitectura Mauro Riboldi & Asoc., a cargo del Proyecto y Dirección de Obra, acompañó desde la génesis esta ambiciosa iniciativa que potenciará el desarrollo de la comunidad a través de la capacitación profesional, técnica y en oficios de forma gratuita con el objetivo de lograr una mayor inclusión en la sociedad.    
«Atilra nos ofreció la propuesta  con una idea general de los aspectos más importantes y fuimos desarrollando un proyecto que se fue modificando en la medida que se ampliaban los objetivos (NdR: recordemos que en una primera etapa se planificó un Centro de Estudios de menores dimensiones), obteniendo finalmente el diseño novedoso que posee el CET», rememora el Arq. Mauro Riboldi. «Para el Estudio es un verdadero orgullo haber cumplido con esa tarea y también debemos agradecer que nos hayan permitido desarrollar este tipo de  arquitectura. Hay que advertir el alto grado de exigencia y el plazo de obra acotado que teníamos previsto en 12 meses. Si nos detenemos a observar la calidad de la construcción y el nivel de tecnología y equipamiento, es un gran logro para la ciudad y la región haber culminado un edificio de estas características en ese tiempo. Debemos agradecer al sindicato de  ATILRA, a Héctor Ponce en particular por la confianza depositada  y al  Arq. Gerardo  Arnodo, responsable de obras y planificación de ATILRA, porque fue vital a la hora de debatir el desarrollo de la obra y con quien trabajamos codo a codo para lograr el objetivo».


-¿Se puede cuantificar el aporte de las firmas sunchalenses o zonales?

-El 95% de los proveedores pertenecen a Sunchales, Rafaela y la zona, favoreciendo el desarrollo de la obra. Tener gente conocida y comprometida con el avance de la edificación fue fundamental para cumplir el tiempo programado. Si bien nosotros teníamos bajo nuestra responsabilidad la dirección de la obra, ese conglomerado compuesto por los proveedores, contratistas, profesionales y otros actores, que se pusieron la camiseta para cumplir con la meta propuesta en tiempo y forma. Aprovecho para brindarles un gran reconocimiento a toda esa gente porque hoy el CET ATILRA es una hermosa realidad gracias al esfuerzo y compromiso de todo el grupo que estuvo involucrado.


-Mencionaste que hubo que adaptar el diseño y la construcción a la oferta territorial. ¿Hay algún ejemplo que permita tener una magnitud de esa adaptación?

-Cuando determinamos que el proyecto debía culminarse en un año, planteamos la posibilidad de construirlo con elementos prefabricados, para lo cual debíamos contratar empresas foráneas. Finalmente decidimos hacerlo con muros dobles de ladrillos cerámicos y estructuras independientes para que la mano de obra local pudiera adaptarse. Técnicamente, este material nos sirve porque es muy resistente, al tener doble capa funciona como aislante térmico y acústico, y a la vez se puede desarrollar en la zona. También contábamos con empresas en la región para la adquisición de las aberturas, la instalación de DVH (doble vidriado hermético),  instalaciones eléctricas, sanitarias, servicio contra incendio y climatización, entre otros rubros.


-No pasan desapercibidos cuando se recorre el complejo, los colores exteriores y el mobiliario utilizado en el Centro de Estudios. ¿Cuál fue el motivo de esa elección?

-Buscamos no hacer un Centro de Estudios, rígido y cerrado, con grises como se observa habitualmente. Tratamos de darle una imagen más juvenil, transparente y con mucha luz. Es un lugar que, en base a colores atractivos y mobiliario fuera de lo común, te brinda una sensación de alegría, de confort y dinamismo. Además le da un plus al objeto arquitectónico y esperamos que sea valorado por sus usuarios.


-¿También se apostó fuertemente a la arquitectura verde o sustentable?

-En ese lugar no hay red de gas natural y se priorizó la utilización de la energía eléctrica. Tratamos de combinar los sistemas de refrigeración y de calefacción con paneles solares para lograr un menor consumo, además de ser sistemas ecológicos. Son aparatos de última generación y es una inversión que  ATILRA  recuperará  en poco tiempo. También le dimos importancia a la utilización del agua de lluvia. Debajo del predio hay una cisterna de 150 mil litros que se utilizará para hacer el riego de todo el parque. Nuestro objetivo era no interferir demasiado en el medio ambiente.


-La joya del complejo es sin dudas el Auditorio, por su adaptabilidad y el bagaje tecnológico que posee.

-Yo no te lo puedo confirmar, pero profesionales de Buenos Aires que trabajaron en las instalaciones específicas de este edificio, nos informaron que existen muy pocos auditorios en el país con el nivel tecnológico que posee el CET y seguramente en el interior es uno de los únicos. Es de última generación, con diferentes pantallas de proyección 2D y 3D y diversos sistemas de sonidos e iluminación. Butacas de primer nivel y sistema de traducción con 24 canales y 6 cabinas. También es flexible el edificio, ya que es una sala cerrada pero se puede abrir una ventana al fondo del escenario para utilizar de escenografía el mismo parque o se pueden correr  los paneles acústicos que lo separan del hall para lograr una mayor capacidad del auditorio en algún evento que requiera alojar un mayor número de personas.  


-Imagino que un plazo de obra tan acotado le generó preocupación al Estudio de Arquitectura, teniendo en cuenta que ya estaba programada una Conferencia Internacional durante la inauguración y era imposible su postergación.

-Cuando comenzó el proyecto, era de una magnitud importante pero no llegaba a ser lo que es en la actualidad. Una de las alas del Centro de Estudios se arrancó 45 días después del inicio de la obra y  se pudo llevar adelante gracias al modelo flexible que diseñamos. Si bien la edificación seguía creciendo en metros cuadrados, los plazos de entrega no se modificaron pero pudimos cumplir en la fecha programada gracias a la predisposición de la gente que participó del proyecto. Aprovecho la ocasión para mencionar a los profesionales del Estudio que estuvieron involucrados en toda la obra: las arquitectas María Eugenia Sola y María Virginia Vicentini; el Ing. civil Eugenio Toldo y yo, Arq. Mauro Riboldi. También participó, en el inicio, el  Ing. civil Franco Bergese y la diseñadora de interiores, Nora Gallo.


-Aún resta la segunda etapa que es la Planta Piloto para que los alumnos puedan poner en práctica los conocimientos adquiridos. ¿Hay alguna fecha concreta de inicio de obra?

-Aún no hemos comenzado con el desarrollo del proyecto  de la Planta Piloto. Si bien entregamos algunos anteproyectos en el momento que hicimos el CET, tengo entendido que los profesionales de ingeniería de Atilra están trabajando en los servicios que va a brindar y la maquinaria a instalar. Una vez finalizado el  «lay out», comenzaremos a diseñar el proyecto arquitectónico.
Finalmente, el Arq. Riboldi reflexiona: «Si bien hoy valoramos que se halla construido un complejo tan  importante en un tiempo muy acotado, creo que con el tiempo vamos a darle mayor valor al tipo de arquitectura y de construcción que se pudo desplegar y a la función social que va a cumplir. Cuando se desarrollen actividades educativas o culturales, se reciban nuevos profesionales o una gran cantidad de jóvenes o adultos  obtengan capacitación para desempeñarse con mayor eficiencia en su trabajo, esa será la mayor satisfacción del Estudio de Arquitectura, porque contribuimos de alguna manera al crecimiento de la comunidad».      

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